José Antonio Almela Bendicho, Teniente Coronel Jefe del Órgano de Apoyo en la Subdelegación de Defensa en Teruel, ha visitado el colegio Las Viñas para hacer entrega al alumno de segundo de Bachillerato Francisco José Flores Caballero del premio del concurso literario " Carta a un militar español".
Felicidades a Francisco, os dejamos el relato ganador.

 

 Hola, Papá: Hace tiempo que no te escribo, pero las cosas no van muy bien por aquí. Llevas ya quince años fuera, y yo apenas te he escrito un par de cartas en todo este tiempo. Pensar que te fuiste y que no ibas a volver fue algo que al principio no me sentó muy bien. Pensaba que eras un egoísta, cada vez que rememoraba todos los momentos en los que no estuviste, no paraba de preguntarme qué clase de padre se pierde el cumpleaños de su hijo o no vuelve a casa por Navidad. Ahora que casi no recuerdo el color de tus ojos, me doy cuenta de que has sido la persona más generosa que he conocido y probablemente, que vaya a conocer jamás. Me costó asimilar que no podías permitirte velar sólo por mí, sino que también lo hacías por cualquier extraño que pudieras cruzarte a lo largo del día. Lo diste todo por ellos y puede que al final yo haya salido perdiendo, pero al fin y al cabo siempre fue tu decisión. Al menos sé que no te marchaste en vano, ten por seguro que tu llama ahora arde en tus compañeros, incluso seguimos recibiendo llamadas de tus colegas de promoción de vez en cuando. Aún recuerdo que cada vez que partías me dejabas con el recado de que nunca perdiera la esperanza y que fuera constante en todo aquello a lo que volcase mi voluntad. También recuerdo que siempre me prometías que en nada ibas a volver, y aunque tú hayas roto tu promesa, yo jamás romperé la mía. Por donde pasabas, crecía la hierba. Irradiabas vida y serenidad. Brillabas por ti mismo sin necesidad de medallas vacías. Siempre dijiste que los méritos los muestra la persona y no los adornos que lleva consigo, que los disfraces no valen, que lo que vale es la “percha”. Ahora que tu voz comienza a hacer eco en mi cabeza. Me pregunto qué pensarías tú sobre este “avanzado” mundo que me rodea ahora, una realidad que se derrite y fractura por el silencio y el orgullo propio entre hermanos de la misma sangre. Sinceramente echo de menos tu luz para guiarme en algunas noches oscuras. De todas maneras, estoy convencido de que me diste mucho más de lo que te pedí, me enseñaste qué significaba ser un héroe en la vida real, me moldeaste para ser un hombre de palabra y para actuar de buena fe. Sobre todo, nunca podré olvidarte en aquella tarde de enero en casa de los abuelos, cuando delante de todos, mi yo de nueve años te pedía a gritos una pistola de verdad, para ir siempre armado, como tú. Entonces, y como si hubieses esperado ese momento durante toda tu vida, esbozaste una sonrisa y me explicaste que el arma que llevan los militares no tiene gatillo ni recámara, que el arma que usabais era el valor, el respeto, la fraternidad… y que, sobre todas las cosas, la mayor fuerza que os movía era pensar que en la noche más fría, toda una Nación os arropaba como hacías tú conmigo cada noche. Nunca llegué a entender lo que significaba esa frase hasta que verdaderamente estuve preparado para seguir tus pasos. Te quiere, tu hijo.